Aquí está tu historia

Estándar

Cuando me pediste que contase tu historia en un poema,
no conocía tu manía de morderte las uñas antes de besar.
No me hablaste sobre tu infancia ni si tenías pasado,
pero me dejaste intuir que te habías ganado tantos miedos como sonrisas.

Yo te pregunté qué te gustaba hacer en las citas,
y me llevaste a conocer los rincones de una ciudad olvidada,
que enseñaba los dientes a los forasteros,
y escupía a los inquilinos al pasar a su lado.

No sabía que siempre bailabas pisándome un pie,
mientras me mirabas a los ojos, y retenías el recuerdo
como puntos de sutura de viejas cicatrices que ya no dolían.
Supongo que el tiempo atenúa hasta lo importante.

Aún así pude intuir que mis abrazos eran paracaídas,
y que en todas las caídas encontrabas el suelo.
Quizá por eso dormías abrazada a la almohada,
y nunca me dejabas arreglarte con besos.

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