Madrid y tal (con Óscar Sejas)

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La ciudad que habito no tiene mar
pero tiene cientos de orillas,
surcan sus vientos grises palomas y no gaviotas,
no rugen las olas al romper contra las rocas
pero tiembla el asfalto al continuo vaivén de gente.

La ciudad que me acoge no juega con certezas,
y en cada quizás late una puerta de infinitas vidas.
Me enseña a besar a los extraños que convierto en amigos
y siempre me da motivos para volver al final de cada camino,
como si se tratase de Roma, o de cualquier amante.

Los bares son los templos de esta ciudad
donde el frío no aparece al calor de una cerveza
y tiemblan los sueños en escenarios pequeños,
allí se matan miedos y confiesan pecados
kilómetro cero de todas las revoluciones.

He podido encontrar tu mirada en todos los adoquines sucios,
y al final siempre hay algo que me salva del abismo
probé a construir castillos de arena en el Retiro,
y descubrí por casualidad que soñar en Madrid,
era tan mágico y difícil como ser tu abrigo.

Ahora siento que ella nos habita y no al revés,
que vive en nuestras venas y estalla en nuestras bocas,
quiero bailar borracho contigo a la luz de las farolas,
y llenar los bancos de cada parque con pintadas
y poner por ejemplo “aquí fue donde nos hicimos la poesía”.

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