Microversos IV

Eres lo más parecido a la vida
en mis noches de muerte.

 

Me seguirás mintiendo mientras me dices te quiero,
pero te quedarás a mi lado.
Yo seguiré fingiendo que no te quiero,
pero me iré mientras duermes.
No me culpes por tratar de sobrevivir
entre fantasmas e insomnio.

 

Muchas noches me levanto
entre los ecos de tus antiguas caricias.
Recordando, quizá soñando,
que una vez fui simplemente feliz.

 

I

Lo confieso:
saboteé tus ojos para que me viesen de otra manera,
cambié mi voz por los cantos de sirena.
Sólo quería retenerte hasta que la muerte llamase a nuestra puerta.

II

Lo confieso:
Sofoqué las llamas de tus enfados
y avivé los mordiscos de tus labios.
No sabía como hacer que me quisieras.

III

Lo confieso:
Tuve que prometerte el mundo con luces y sombras,
y decirte que todas mis horas estaban a tu nombre.
No tenía nada más que ofrecerte.

 

Puede que sólo necesitase tu risa
en aquellas tardes de cañas y besos.
O saber que no sólo tuve yo la culpa de que te marcharas.

 

No fue fácil olvidar tus miradas en interrogante y sin embargo,
saber siempre me quedará el regusto a fracaso
y el recuerdo de que me quisiste a tu manera.

 

I

Quien quiera ser un dios entre hombres
ha de saber del dolor y la risa,
y doctorarse en surcos de labios ajenos.

Ha de comprender y aprender,
pelear en la guerra y construir en la paz.
Sólo así dejará de ser un hombre entre dioses.

II

Quien quiera ser esclavo de estos tiempos
que crea en dioses gobernados por humanos
en hombres que matan a otros hombres por dinero,
y miren la vida mientras pasa de largo.

III

Quien quiera ser un peatón anónimo
que circule por aceras desiertas.

IV

Quien quiera ser una foto en tu pasado,
se contentará con tu recuerdo lejano.
Y sin embargo en la noche volverá a mirarte
aunque ya no estés cerca.

Quizás así comprenda,
que fuiste una mirada ausente
que sonreía entre los surcos del llanto,
buscando aquello que nunca apareció en una foto.

 

I

Te hubiese seguido al fin del mundo,
si mis pasos hubiesen podido competir con tus alas.

II

Te hubiese seguido al fin del mundo,
si mis brazos fueran sustitutos de tus sueños.

III

Te hubiese seguido al fin del mundo,
si tu me lo hubieses pedido en lugar de marcharte en silencio.

 

Consideraciones sobre el odio:
Considero que para decir “te odio” una sola vez,
son necesarios, por lo menos, mil “te quiero”.

 

Consideraciones sobre fechas, personas y luchas:
Hay fechas que recuerdan que hay que seguir luchando.
Hay personas que empujan a seguir luchando.
Hay luchas que obligan a seguir luchando.

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