Tratado de contra-poesía

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Tarde comprendimos que la poesía era un monólogo que no escuchaba nadie,
un refugio en los días oscuros en que el ron no era consuelo,
una piedra lanzada hacia el vacío, una derrota,
el premio de consolación en los fracasos de la vida.

Tu seguías empeñada en demostrarme que la lluvia era un estado de ánimo,
cansada de jugar a cara o cruz el fin de mes y los domingos,
trazando destinos en cada mirada, en el té que bebías a sorbos,
mientras me contabas que no era tarde para huir, si yo quería.

Me protegí en estas letras buscando armas contra la oscuridad,
un motivo escondido en un armario,
quizá una certeza de que mentir sólo era un punto de vista.

No trato de hablar de todos los abismos que creemos salvar con poesía,
pero ayer me dijiste que sobrarían las palabras cuando se apagase la luz,
que buscarías mis labios para demostrarme que vivimos,
y que pobre de mí sí no me refugiaba en tus brazos.

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