Cómo discutir con un Gnomo de jardín

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–No quiero aguarte la fiesta -dijo Inés arqueando las cejas- Pero para mi que no se ha movido ni un ápice. Quizás deberías probar quitándote el sombrero y los tirantes.

–No creo que ese sea el punto. En realidad sólo pretendo discutir, no escandalizarlo.

–Ya… Bueno. Yo creo que ayudaría bastante saber sus puntos débiles. ¿De que están hechos los gnomos?

–No lo sé -se sinceró Piñata con visible desconcierto- ¿tienes teléfono? Podrías mirarlo en la wikipedia.

–Tú eres la experta… pero… ¿No les molestará que hable cuando estamos intentando discutir con ellos?

–Si les molesta, entonces ya sabemos cómo discutir. Míralo mientras yo cambio de postura.

Piñata se levantó y estiró las piernas, luego dio varias vueltas al gnomo y volvió a sentarse en la misma postura, con el ceño visiblemente fruncido.

–He encontrado un video de un perro riendo, ¿Quieres verlo?

–Inés, necesito que te concentres. Llevamos aquí seis horas y no se ha movido. Necesito discutir con él como sea.

–¿Has probado a escupirte en la cara, o tirarle cáscaras de cacahuetes? Tengo cierto hambre y mucha sed.

–Cómo se nota que no conoces a los gnomos… Una debe ser educada con ellos. Pero inflexible -sentenció Piñata tumbándose sobre la hierba.

–Podríamos prenderle fuego… a lo mejor eso le sienta mal.

–Supongo… -reflexionó- ¿tienes una manta? Me parece que va a coger frío.

–Es un gnomo… ¿No son los ayudantes de Papá Noel? En el polo siempre hace frío.

–Esos son duendes. No tienen nada que ver.

–Me molesta un poco tu sabiondismo. Si tan experta eres, ¿porqué no discutes con él y no conmigo?

–Quizás debería quitarme el sombrero… -susurró ignorando a su amiga.

–O darle un beso en los labios. Si es gay seguro que le molesta.

Piñata se incorporó de un salto y se abrazó a su amiga con fuerza. Salió corriendo hacia el cobertizo, para regresar con una enorme maceta con una flor de plástico. El corazón le palpitaba con visible excitación. Inés la observaba expectante, como si aquella idea fuese tan brillante, que todo lo demás en el mundo no importase.

–¡Eres una genio! Un macetazo seguro que le hace cambiar de actitud…

–¿Qué? -frenó en seco y miró a su amiga con extrañeza- No voy a tirárselo en la cabeza. La maceta es de arcilla, como él. Todo el mundo lo sabe. Sería como si a ti te tiran a otro humano a la cabeza.

–Si sabías de que estaba hecho, ¿Por qué me dijiste que lo mirara?

–Porque tecleas muy rápido con el móvil, y me gusta mirarte -se sinceró Piñata haciendo una pausa en la acción que se disponía a efectuar- Además, así me dejabas pensar en silencio.

–Disculpen -les interrumpió una voz profunda- Si no van a comprar nada, les debo pedir que se marchen.

–Estamos tratando de discutir con el gnomo -dijo Inés visiblemente irritada por la interrupción- Ella quiere un gnomo cabreado para su jardín.

–Me temo que eso es un duende -respondió más tranquilo el dependiente- Los gnomos están al otro lado del vivero.

–¿Y usted sabe cómo discutir con un duende de jardín? -preguntó Piñata mirando de reojo al duende.

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