Microversos XII

Estándar


Rozarte era tan simple que temía hacerlo
por miedo a que las consecuencias fueran igual de simples:
Echarte desde entonces de menos.

 

Fue casualidad que, después de coger dos buses, un cercanías y dos metros,
después de esperar treinta minutos en el parque,
el destino nos fuese a reunir mientras tu salías del trabajo,
y yo me hacía el sorprendido al verte.

 

A estas alturas, nadie cree en la eternidad,
ni es capaz de crear el infinito.

 

¿Qué por qué llevo sombrero?
Nunca he visto a los soldados quitarse el sombrero cuando van a la guerra.

 

Porque siempre hay que volver al principio,
donde los versos se vuelven urgentes.
Lanzarlos como una señal de socorro,
para que quizá recojas sus ecos,
y me eches de menos.

 

Para caminar sobre los sueños,
es necesario aprender a volar.

 

No quiero que me ames sin condiciones, prefiero que me pidas que trabaje y que poco a poco construyamos el amor. Y sobre todo, que estemos empate en echarnos de menos.

 

Traté de describirte, pero las palabras son inútiles.
Si nadie te ha visto,
no merece la pena que les expliqué que tú eras el mundo,
y todo lo demás, una triste copia”

 

El mundo se derrumbaba poco a poco, y tu y yo nos hacíamos más fuertes. Me susurraste que no existía los héroes, pero que siempre deberíamos luchar como si lo fuésemos. Era una forma de engañarnos para que las derrotas fuesen sólo eso.

 

Somos un reloj de dudas sin tiempo

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