Por no grafiarte

Estándar

 

A veces, sólo a veces,
leo poesía cuando quiero masturbarme tu recuerdo.
Nunca me gustó la pornografía sentimental,
y menos cuando ésta duele demasiado.

No es que no me guste el contenido,
pues hasta tu marcha tuvo cierto morbo.
Es por no molestarme en coger el boli
y buscar que mi grafía sea coherente
con dos botellas de vino y un fantasma.
Es por no abrazar tu ausencia, y que sepa a nada.

Otras veces prefiero la novela policíaca.
Allí me enseñan cómo deshacerme de mi cadáver,
Que empieza a oler a autocompasión,
y los gusanos del rencor acaban de anidar en mis te echo de menos.

También me enseñan a señalar al culpable con el dedo,
Solo, ante el espejo de los reproches,
Solo…

Y me tomo la justicia por mi mano,
y tiemblo al descubrir, en la última página,
que fui yo quien asesinó a nosotros.

Y si eso no funciona,
recurro a películas como el sexto sentido, o Ghost,
Que puedan hablarme de fantasmas que no me aterren.
De pasar al otro lado sin pasarme de rosca,
aprendiendo a olvidar sin olvidarte.

Al final, de lo único que estoy hablando es de dolernos
aunque tú,
ya no leas poesía para masturbarte.

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