Guille, sobre Libertad

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Fotografía de Mar Argüello Arbe

 

De los que nos quedamos, ella fue la que más tardó en marcharse. Era parte de su encanto, y su defecto más grande. No podía dar dos pasos seguidos dejándose llevar por las circunstancias. Siempre lo reflexionaba todo. No me malinterpretes, de todos nosotros era la más aventurera, la más decidida, pero cuando hablábamos de su futuro, de su vida, todo quedaba reducido a miedos e inseguridades. Se encontraba en una cárcel que ella misma había creado, y sólo conseguiría salir de ahí si sentía que lo hacía por sus propios medios.

Las fugas conjuntas no la convencían. Más de una vez, cuando nos dejábamos llevar por los sueños y el alcohol, soñaba huidas imposibles, coger un tren o un avión y empezar de nuevo lejos de todo. Yo sabía que algún día lo lograría, pero cuando lo hiciese, yo no podría seguirla. Aquella no era mi guerra. Era algo que tenía que hacer sola si quería salir de su cárcel.

Pero todo eso fue mucho después. Por aquel entonces todas las fugas eran borratajos en un papel desgastado, ecos de lo que leíamos o escuchábamos por la radio. Me acuerdo una tarde, cuando Mafalda y Libertad se encontraban estudiando para unos exámenes finales, yo estaba en la cocina, cebando mate y tratando de arreglar una tostadora. Ella se acertó sigilosa, estaba descalza. Era tan grácil y bonita, que todas mis hormonas se dispararon al verla entrar. Se sentó en frente de mi y se masajeó el cuello. Empezamos a hablar de cosas trascendentes. Gracias a mi hermana, yo siempre fui combativo y crítico, y Libertad tenía una forma de entender la vida muy parecida a la mía.

Después de eso nos convertimos en dos personas que siempre se buscaban. No puedo recordar los días exactos en los que todo cambió. Creo que nos encontramos por casualidad, y nos descubrimos por sorpresa, como si por arte de magia la persona que tienes en frente se convirtiese en la persona que has estado buscando mucho tiempo. Esa fue la forma en la que Libertad y yo comenzamos a aprendernos, y sin quererlo me enamoré de ella. No puedo asegurar si ella estaba enamorada, o si alguna vez lo estuvo, pero siempre me miró con esos ojos que no dejaban de estudiarte.

Aquellos días fueron buenos, luego llegó todo lo demás. Pero los nuevos tiempos los vivimos de una manera distinta.

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Un comentario »

  1. Buen día Luis, apenas estoy comenzando a leerte y me gusta lo que he leído; saludos y te seguiré encontrando en éste camino al cual nos haz invitado a compartirlo contigo. Gloria

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