Dani

Estándar

—Verás. No se trata de defender a un colectivo ciegamente, sino de hacer tuya esa lucha. Si tu coges, y lo digo sólo como ejemplo, cualquier revolución armada, te darás cuenta de que todos y cada uno de los que luchaban en esa guerra no tenían el mismo ideal que la revolución en sí.

—…

—No son clases de Historia, ni política. Joder, una mujer, un hombre, acaba siempre defendiendo lo suyo o haciendo suyas las luchas de los demás.

—…

—¿Qué diferencia hay? No me considero una lumbrera en este tema. Pero me sobra media copa de vino para entenderlo. Los primeros son egoístas. Son ese tipo de personas que piensan que el bien común debería escucharles. Ellos arreglarían el país solos. Son las personas que algún día les gustaría ser jefes de una gran empresa porque creen que serían los más justos… No me mires así. Lo de mi madre era otra actitud. Ella pensaba que todo el mundo estaba tan ensimismado que no tenían remedio, que siempre acabarían escogiendo salvarse ellos en vez de ayudar a los demás.

—…

—Los otros no son mejores. Pero al menos toman partido. Si te pregunto por tu libro favorito, me puedes dar una lista de libros y de razones por las que te encantan. Sin embargo, una pequeña parte de este mundo te hablaría del último libro que han leído y que les ha llegado. Claro que los otros son importantes, pero a veces hay que tomar lo inmediato, lo que palpita, antes de que se seque.

—…

—Supongo que eso fue lo que más te gustó de mi, ¿no?

—…

—A lo mejor es que no puedo estar ciega ante los problemas de los demás. A lo mejor es que no quiero ser mi madre. Ni mi padre, sea quien sea. A lo mejor es que estoy cansada de ser alguién con nombres y apellidos, y quiero disolverme en el anonimato, ser un actor sin nombre, una acción.

—…

—¡Vete a la mierda! Contigo no se puede hablar en serio. No quiero desaparecer en la montaña con Heidi, gilipollas. Quiero simplemente dejar los egos de lado, rozar las manos de la gente al caminar por la calle. ¿Nunca te has preguntado por qué nos empeñamos en vivir en sitios con gente? Yo lo hago a menudo… No me mires así, parece que te burlas.

—…

—Pues deja de hacerlo, me hace sentir pequeña. La gente se une por dos motivos: Uno es el hecho de necesitar a otras personas para dejar de pensar en sí mismas un tiempo, empaparse de otras visiones, oír otras voces que no sean las suyas. Luego hay otros que sólo quieren oír su voz siendo escuchados por otros. Su empatía es la misma que tiene un espejo, con la diferencia de que el espejo refleja el rostro que tiene en frente.

—…

—Lo sé. Y que conste que cuando te conocí pensé que eras esa clase de hombres que van de Action Man por el mundo, a medio camino entre Bogart y el tipo de Jungla de Cristal… Pero no te veo capaz de descolgarte desde un edificio sólo por salvar a las personas. Lo entiendo. Verás, hay que aceptar que los héroes tratan de ser una representación de nuestros anhelos, pero en realidad son la forma más grotesca de representar nuestra realidad.

—…

—No sé, cuando veo una peli me represento siempre más en la persona que se tira al suelo cuando los atracadores irrumpen en el banco, y se queda allí hasta que la policía resuelve el asunto…

—…

—Veo por donde vas, y no. Sólo que he aprendido mis limitaciones demasiado pronto. A los siete supe que no podía meter la mano en el fuego sin quemarme. ¿Ves mi dedo meñique? A los once me atropelló un coche porque crucé por donde no debía. Aquí, mi codo se gira cuando flexiono el brazo. Y por último, a los veinte supe que el amor es una balanza en la que debes poner el mismo peso en la otra persona que en ti para que esté equilibrado.

—…

—Deja de repetir eso…Joder, se ha acabado el vino. ¿Te apetece que salgamos a tomar una copa?

—…

—Llevo toda la noche tratando de decírtelo. La vida es simple. Tiras una piedra al aire, y cae. Caes sobre un colchón y duele menos que sobre el suelo de cemento. No existen excepciones a la ley de vivir. Las cosas que duelen, duelen. Las imbéciles que te ponen los cuernos, hacen llorar. Nadie se libra de ser aplastado por un meteorito si éste se dirige hacia uno.

—…

—Ni se te ocurra besarme, o todos los besos que vengan después te recordarán al sabor amargo que te dejó su perfume de armani.

—…

—De nada… ¿Nos vamos?

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