Archivo del Autor: luiscanoruiz

Acerca de luiscanoruiz

Naci en 1987 en Valladolid. Soy escritor y poeta. Actualmente tengo un poemario, "VerS.O.S.", y tres novelas, "Los últimos días de noviembre", "Cómo Sobrevivir a Carla" y "Mike.316: Ángeles Caídos". Puedes consultarme más datos sobre mi en el resto de enlaces del blog.

Mi cabeza

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Fernando Pessoa dice que “si el arte nos vale es porque nos saca de aquí”. Y eso han conseguido Mar Argüello (voz) y David Campesino (Montaje y dirección artística) con este video, este regalo con el que me hicieron llorar y me sorprendieron en mi cumpleaños.

No puedo ser objetivo, es mi cabeza de la que se habla, pero nunca habría creído posible que alguien supiese entenderla y trasmitirla tan bien, que encontrase la imagen exacta, la voz exacta para susurrarme: “Ese eres tú”.

Impresionante trabajo de David Campesino sobre un extracto de la película “Satan Tango” de Béla Tarr que hace trascender el poema más allá de la voz que regala Mar Argüello.

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La Crisis del Sputnik

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Estados unidos no negocia con terroristas.
Así que cuando viniste a por mi,
no estaban los marines para apoyarme,
ni había bloqueos económicos
o telón de acero que te retuviese.

Temblé como un niño,
a pesar de que Obama me decía
“¡Yes we can!”.

Pero nada,
las banderas no son consuelo
si cada estrella es una peca tuya
y todas las barras son cicatrices
que nos dejamos labio a labio.

John Wayne no sabe dar consejos de amor,
y yo seguía queriéndote hasta Guantánamo.
Porque fuimos Hiroshima y el Katrina,
y tras dejarnos hubo otro crack del veintinueve.

Tu recuerdo era una estatua,
y mi libertad un Mc Donals para veganos
en central park.

El puto sueño americano hecho trizas
por una terrorista con la que juré
que jamás negociaría.

Reflexión de un pirómano arrepentido

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Lo malo de los pirómanos
es cuando pasan de admirar el fuego,
a quemarse en él.
A nosotros nos pasó lo mismo.

Incendiamos Madrid cubriendo de besos las aceras.
Envidiosos aquellos que nunca supieron
amar hasta el orgasmo.

Despreciamos todas las creencias
que prohibían el coito por placer.
Derribamos las estatuas cerradas de mente,
y los museos que cobraban entrada.

Y cuando se nos acabó la gasolina
y dejamos de sentirnos fuego eterno,
nos fuimos sin lágrimas.
El último, que llame a los bomberos.